La palabra utopía viene del griego «οὐ» (ou) que significa
"no", y «τόπος» (topos) que significa "lugar", resultando
en "no-lugar" o "lugar inexistente". Galeano dijo de la
utopía que “está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y
el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar.”
Todo apunta a que la utopía niega, en su misma enunciación,
la posibilidad de una praxis utópica. No le echaré la culpa a las etimologías
ni a los sentidos comunes, mucho menos al lenguaje. Ellos no son responsables:
nosotros lo somos. Nosotros somos responsables de haber aceptado clausurar el
futuro bajo la reproducción de esos sentidos. El Realismo Capitalista tuvo como
primera victoria la victoria sobre la lengua.
Si tenemos la responsabilidad de haber aceptado el mandato neoliberal
de que la historia había terminado y de que era más fácil imaginar el fin del
mundo que el del capitalismo, también nosotros somos responsables de enmendarlo
y crear el mundo justo y pacífico que tanto echamos en falta. Nosotros, no los
políticos, no los partidos, no los Estados.
Por eso esta editorial de fanzines se llama YaTopía. Porque
ese Topos que está negado en utopía
debe ser puesto frente a nuestros ojos, debe poder ser creado como quien
escribe un poema, elabora una silla o amasa un pan. Hora de pensar que mientras
caminamos, el horizonte no se aleja sino que se acerca. Que no es ese horizonte
el que nos hace caminar, sino que caminamos porque si no jamás podremos alcanzarlo.
Sintamos placer y trabajemos por una YaTopía. Es acá, es
ahora.
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